Estrategia de los navegadores GPS integrados

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navegadores GPS integrados

¿Cuántos coches de los que se venden o circulan por España tienen navegadores GPS integrados, de esos que vienen “de fábrica”? Muy pocos. Suelen ser en la mayoría de los casos un equipamiento opcional que implica un sobreprecio importante, y en el mejor de los casos vienen de serie en los niveles de acabado más altos, que también son más caros.

Aun así, para ser justos, no debemos olvidar que las marcas de coches han avanzado bastante en abaratar los navegadores GPS integrados, o en dar muchas más funciones además de la de GPS, y ya no cuestan tanto como hace diez o quince años. La cuestión es si, incluso con la reducción de costes, son interesantes o no. Vamos a ver qué hay.

Buena presencia, todo en su sitio y antena exterior

La principal ventaja de los navegadores GPS integrados es que el salpicadero del coche tendrá la misma buena presencia que queremos, o según el caso incluso mejor. O sea, hablamos del factor diseño, eso que al final también vende. No habrá ningún elemento extraño añadido, no habrá que colocar un soporte, ni una ventosa en el parabrisas, ni tampoco habrá que tener un cable enchufado al mechero para cargar la batería.

Y por supuesto habrá una antena GPS exterior, para recibir lo mejor posible la señal de los satélites, sin problemas por un parabrisas atérmico, o por quedar apantallada la señal al circular por ciudad por calles estrechas entre edificios altos. Y esto es importante, pues cuanto mejor reciba la señal GPS el navegador, más precisión tendrá.

Además se supone que todo estará en su sitio, la pantalla y los controles se ubicarán habiendo tenido en cuenta criterios de visibilidad y ergonomía. Digo que se supone porque a veces se encaja la pantalla del GPS de mala manera, y queda muy baja, teniendo que apartar la vista de la carretera más de lo deseable, pero esto sucede cada vez menos, y si el salpicadero del coche se diseñó desde el principio pensando en integrar adecuadamente la pantalla, no debería haber este problema.

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Si la pantalla del navegador es táctil lo normal es ponerla a mano, a una distancia próxima de la mano derecha el conductor, combinando esto con una altura adecuada para no tener que apartar mucho la vista si se le echa un ojo. Las pantallas van sumando pulgadas con los años, ahora no es extraño tener pantallas bastante grandes, alrededor de las siete y ocho pulgadas (y en algunos casos especiales, incluso más).

Muy habitualmente, sobre todo si la pantalla no es táctil, se suele incluir un mando de control, que a veces tiene la forma de joystick o de rueda, combinando un accionamiento giratorio, con un accionamiento de cursor de cuatro u ocho direcciones, y también con varios botones de control (OK, Menú, Atrás, y similares). Este mando incluso puede tener también una superficie táctil.

El mando suele colocarse en la prolongación de la consola central, cerca de la palanca de cambios. Una vez que uno se acostumbra se hace con su manejo y se puede utilizar sin mirarlo, solo al tacto. Es por ejemplo el caso de navegadores GPS integrados de Renault, de Citroën DS, de BMW, de Audi o de Mercedes-Benz, por citar algunos ejemplos.

cambio de marchas

Mostrar las indicaciones en el cuadro o en un HUD

También se puede incluir el manejo de algunas funciones básicas del GPS con los mandos al volante, y todavía mejor, algunos incluyen control por voz (pocos, pero alguno hay, por ejemplo Ford Sync con MyFord Touch, o el nuevo Sync 2, entre otros).

Otra ventaja de los navegadores integrados es que pueden mostrar la información en otros dispositivos de visualización del coche, además de en su pantalla. Por ejemplo, algunos coches que equipan un sistema HUD de proyección de información sobre el parabrisas, muestran también las indicaciones básicas del GPS en el HUD, además de la indicación de velocidad. Por ejemplo tuve ocasión de probar el Citroën DS5 HYbrid4, lo llevaba, y era bastante práctico, la verdad.

Y otros muestran estas indicaciones en la pantalla de información de la computadora de a bordo del cuadro de instrumentos, algo que todavía es mejor si el cuadro es completamente digital, y directamente lo que tenemos es una pantalla a color como tal, pudiendo mostrar gráficos e imágenes a color detalladas. Por ejemplo el Tesla Model S lleva un cuadro completamente digital, o el nuevo Audi TT, que incluso muestra el mapa en perspectiva en el cuadro, no solo ya indicaciones.

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Estas dos posibilidades son realmente útiles, porque el conductor está ojeando constantemente el cuadro de instrumentos para controlar la velocidad o el tacómetro, y de la misma manera puede echar un ojo a la indicación del GPS.

Coche conectado: solución todo en uno

Los navegadores GPS integrados de hoy en día no suelen ser solo un GPS, suelen formar parte de una solución todo en uno con el sistema de conectividad multimedia y de infoentretenimiento del coche, como una función más dentro de las varias que ofrece el sistema (teléfono, música, aplicaciones, Internet, cámara de marcha atrás, etc).

Y esto también aporta sus ventajas. Por ejemplo en un coche eléctrico se puede visualizar sobre el mapa el rango de acción que nos permite la autonomía real del coche, según la carga que le quede a la batería, o nos permite encontrar rápidamente un punto de recarga, por ejemplo en el caso del sistema R-Link que monta el Renault ZOE, pero no es el único, lo encontramos también en el BMW i3, entre otros. Lo mismo se puede decir a la hora de encontrar una gasolinera, en un coche convencional.

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Además como cada vez más los coches están conectados, ya sea por una tarjeta SIM propia embebida, ya sea por la conexión de datos compartida del teléfono, que el sistema tenga conexión a Internet permite realizar búsquedas en el propio coche, incluso con el control por voz, y encontrar un restaurante, o un aparcamiento, o un hotel (o cualquier cosa) y que automáticamente el GPS del coche nos diga cómo llegar.

Hay opciones muy interesantes que combinan por ejemplo el GPS con un asesor para conducir más eficientemente, e incluso se puede buscar una ruta para ir al destino, no por el camino más rápido, sino por el camino que menos consumo implique, dependiendo de factores como la velocidadl a densidad de tráfico, o las pendientes de la carretera.

Esta función se suele denominar eco-ruta, o algo parecido, dependiendo de la marca. Coches eléctricos como el Nissan LEAF 2013, o el Ford Focus eléctrico, incluyen ya esta función en el navegador GPS integrado que equipan.

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Y esto no es ciencia-ficción, ya se venden coches con navegadores GPS así. De hecho, el siguiente paso es que en modelos híbridos (combinación de motor de combustión y motor eléctrico) incluso el GPS se comunica con el sistema de gestión híbrido para anticiparse a la ruta, y emplear el motor de combustión por autopista, y el motor eléctrico por ciudad (donde más compense cada uno) automáticamente, y sin que el conductor tenga que hacer nada. Esto es así por ejemplo en coches híbridos enchufables como el BMW i8, o el BMW Serie 2 Active Tourer plug-in hybrid, que no tardarán en llegar (este año).

Es muy útil también la indicación de velocidad máxima en cada tramo, o la información de radares fijos. Esto también está disponible en un GPS portátil, cierto. La ventaja con uno integrado es que se podría compaginar esto con la cámara de reconocimiento de señales y con el control de velocidad de crucero, para adaptar la velocidad programada de manera automática (en algunos camiones ya se hace).

Otra ventaja de los navegadores GPS integrados es que el módulo de GPS también sirve para los sistemas de llamada automática a los servicios de emergencia, lo que se conoce como eCall, cuando se detecta un accidente (al saltar algún airbag del coche); junto con la llamada se envía la localización exacta mediante la dirección y las coordenadas GPS. O también sirve para localizar el coche si nos lo han robado, por ejemplo (o para que cuando un padre deja el coche a su hijo, pueda tenerlo localizado).

Algo interesante que vamos a ver cada vez más, gracias a los protocolos de conexión entre smartphones y sistemas multimedia de los coches, como MirrorLink o CarPlay, es que podremos utilizar el navegador GPS del teléfono visualizando el mapa y la indicaciones en la pantalla del coche, pero sin que el coche lleve módulo GPS. Honda por ejemplo ya lo ha mostrado en el nuevo Honda Jazz, pero no es la única. Claro que de esta manera, algunas ventajas se pierden (como las últimas que acabamos de comentar).

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OEM y soluciones “de marca”

Por cierto, muchos de vosotros ya lo sabréis, pero conviene recordarlo. Los navegadores GPS de los coches no los hacen las propia marcas de coches, aunque cada una pueda ponerle un nombre diferente, o haya ciertos matices en cuanto a gráficos, o diseño de la interfaz.

Hay varios proveedores OEM de componentes especializados en esto, por ejemplo Denso, Delphi o Bosch, por citar algunos. Como con otros componentes, en coches de marcas diferentes podemos encontrar en el fondo, sin saberlo, el mismo navegador GPS, al menos por hardware y software, salvo por la personalización de turno.

También podemos encontrar proveedores orgullosos de su marca, que no la ocultan como un OEM, sino que hacen gala de ella. Es el caso por ejemplo de TomTom, que sobre todo podemos encontrar en navegadores GPS integrados en Renault, con los TomTom Carminat o el sistema más nuevo R-Link, pero también Here, en Volvo, o incluso Google Maps, en Tesla Motors, por poner algunos ejemplos.

De los mapas en sí que usan los navegadores, de quién los hace, y todo eso, os hablaremos en la última parte de este especial sobre navegadores GPS.

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En los navegadores GPS integrados también los hay “medio-integrados”

Algunas marcas, en algunos modelos, y sobre todo si los coches tienen algunos años y no estaban diseñados específicamente para integrar una pantalla de navegador GPS, o bien por reducir costes al mínimo y ofrecer un navegador por poco dinero, se opta por opciones no tan integradas.

Me refiero por ejemplo a algunos modelos que directamente utilizan un equipo de dos ranuras DIN que se coloca donde iría la radio del coche. Y me refiero también a soluciones de tipo accesorio que se intentan integrar como se puede.

Por ejemplo en algunos modelos de Seat (Ibiza), de Fiat (Punto), o de SsangYong (nuevo Korando), por citar algunos, el navegador GPS es un navegador portátil, tipo TomTom, Garmin, o similar, pero que tiene un soporte específico para el salpicadero, y viene con una toma de alimentación específica para el cable que recarga la batería, que suele quedar más o menos disimulado (y al menos no queda por medio).

Estas soluciones “previstas” de fábrica se suelen instalar la mayor parte de las veces como un accesorio en el taller del concesionario donde nos venden el coche. Seamos sinceros, son pequeños apaños, no quedan tan integrados como un navegador “de fábrica”, no ofrecen tantas funciones, ni tampoco otras ventajas, pero pueden ser una solución aceptable por precio.

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Precios para todos los gustos, pero en general más caros

Terminamos volviendo al principio. En España se venden pocos coches con navegador GPS integrado porque en general significa gastarnos más dinero, y no solemos estar por la labor. Este es su principal incoveniente.

Un navegador GPS integrado, “de fábrica”, puede costar del orden de unos 1.000 a 1.800 euros, dependiendo de la marca (y ojo, que hace años podían costar incluso más). Es cierto que por este precio la pantalla puede ser muy grande, incluir mando de control, integración total con todos los sistemas del coche y funciones de alerta de velocidad, información en tiempo real del estado del tráfico, etc. Pero sigue siendo caro.

Bastantes marcas suelen ofrecer también un navegador GPS integrado “de fábrica” más sencillo, con una pantalla más pequeña, con menos resolución, alguna función menos, sin mando, todo para reducir costes, por unos 400 a 500 euros aproximadamente. Es un precio más razonable, pero barato tampoco es.

Los más económicos sin duda son los “medio-integrados” que comentábamos antes, que pueden costar unos 200 a 350 euros, aproximadamente.

Pero claro, puestos a pensar en precios, quien quiera la opción más económica, y aquí está la gran competencia de los navegadores GPS integrados de fábrica en los coches, mirará hacia un navegador GPS portátil, que será un postizo “de quita y pon”, cierto, pero le costará unos 100 euros, o incluso si tiene un smartphone no se gastará ni un euro más (bueno, quizás en un soporte), y utilizará el navegador GPS gratuito incluido en su teléfono, Apple Maps, Google Maps, o Here Drive+, que hacen lo mismo de manera bastante parecida al del coche (aunque hay diferencias, para ir en coche Here Drive+ me ha gustado más que Google Maps, pero eso es ya otra historia para contaros otro día).

Fuente: xataka.com

Author: veox

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